Curioso caso el de ese tal Angus Young. Bajito, flaquito, no muy lindo (más bien todo lo contrario) ni muy verborrágico. Cómo un tipo así puede convertirse en un verdadero Dios del rock? Cómo una persona que tiene 54 años puede moverse como se mueve? Cómo hace para tocar de esa manera las seis cuerdas de su Gibson SG sin que le sangren los dedos?
Ver a AC/DC en vivo es algo que cualquier amante del rock debería permitirse hacer, porque es LA banda de rock, la inventora del estilo basado en riffs, que poco entiende de virtuosismos y sí sabe mucho de adrenalina y pasión. Es imposible no mover las manos, jugando a tocar esa guitarra imaginaria al ritmo machacante de Dirty Deeds (done dirt cheap), Hells Bells, Back in Black y TNT. ¿Cómo hacer para escuchar The Jack y no ver a una bailarina de caño haciendo lo que mejor sabe hacer? Hasta los nuevos Rock ´N Roll Train y Big Jack ya son clásicos...
Hubo algo imprevisto? No, definitivamente no. Brian Johnson es un cantante genial, y tiene esa pinta de tío copado que todos quisiéramos tener. Malcom Young, Cliff Williams y Phill Rudd rockean como si todavía tuvieran 20, a pesar que las canas y los lentes los delatan. No hay sorpresas, y nadie las necesita. Pantallas a los costados, un sonido suciamente encantador (a pesar del viento), explosiones varias y fuegos artificiales al final. Ya lo vimos, pero AC/DC lo hace mejor que todos.
Con Thunderstruck, You Shook Me All Night Long y Highway to Hell parecía que todo se venía abajo, que el piso se abriría y que las casi 70 mil personas que estábamos ahí iríamos directo al infierno. Porque si hay una razón para merecer descender a negociar con el diablo la salvación, ese motivo se llama AC/DC.

1 hablaron:
Un show excelente! Cero fisuras, old school rock & fucking roll!
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