4 de junio de 2010

Gol de Pizarrón

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Se sabe que en un mundial de fútbol lo importante son los partidos. Y ganarlos, claro. 
Pero para aquellos que no somos fanáticos del balompié suele haber algunas otras cuestiones, no tan apasionantes, pero sí igual de interesantes. 
Yo, por ejemplo, soy de esos que suelen tirar algún comentario-no-fútbol acerca de alguno de los equipos, o de los países que ellos representan. Sí, el deporte no me atrapa -salvo en raras ocasiones- y cuando todos están absorbidos por la pantalla, yo me dedico a molestar. 
Casi sin saberlo, las escuelas de periodismo TEA y DeporTEA me han dado nuevas herramientas, flamantes motivos de conversación para intercalar cuando el partido se pone aburrido. Gol de Pizarrón es el nombre de la revista editada con la excusa de educar durante el Mundial. Tiene mucha data geográfica, histórica, cultural y deportiva sobre cada uno de los 32 países que jugarán desde el jueves 10 de junio en Sudáfrica.
La publicación va a ser distribuida en las aulas por el Ministerio de Educación de la Nación, pero para que otros como yo -sé que no soy el único- no se queden afuera de las conversaciones de eruditos del fútbol, desde acá pueden leerla online.
No digan que no les avisé.

26 de mayo de 2010

Lo que Lost nos dejó

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Los universos paralelos de un boom
Tras seis años y casi 120 capítulos, Lost produjo una serie de cambios culturales, relacionados con el modo en que se piensa y se consume televisión. Aquí se ofrece un repaso arbitrario por aquellas prácticas que ya forman parte de la rutina del televidente 2.0.

Termina Lost. Hoy es el día que marcará en Estados Unidos el fin de uno de los más significativos productos televisivos de los que se tenga registro (digital). Dos horas y media en las que los losties no podrán pensar en otra cosa. Sabido es que la elección de los productores fue no responder a cada uno de los interrogantes, por lo que habrá que esperar para saber si estos seis años fueron tiempo bien invertido, o una estafa descarada. Los fanáticos deberán resignarse a que muchas de las dudas acumuladas durante los casi 120 capítulos sólo servirán para pensar en la cantidad de minutos desperdiciados en historias secundarias, que poco aportaron al producto final. Sea como fuere el desenlace, lo que sí dejó Lost fue una serie de cambios culturales, relacionados con la manera en que se piensa, produce y consume televisión. Aquí se ofrece un repaso arbitrario por aquellas prácticas que ya forman parte de la rutina del televidente 2.0.
 

La costumbre de bajar
Lost promovió una costumbre, que mutó en derecho adquirido por parte de los fanáticos: los capítulos se bajan y miran en el momento del día que uno elija, y ya no es necesario esperar a que una serie sea estrenada en la TV local. Desde su estreno en 2004, y a medida que el fanatismo crecía y el marketing viral rendía sus primeros frutos, las descargas vía programas P2P (peer to peer) aumentaron, alentadas por el crecimiento de las conexiones de banda ancha. Las series se hicieron más populares: brindaron calidad cinematográfica en unos pocos minutos y fueron la elección natural de aquellos que quisieron ver algo bueno cuando el tiempo escasea. El negocio se convirtió en un universo con lógica y reglas propias, sin anuncios del estilo “una copia más, un músico menos”: a diferencia del mundo de la música, se entendió que descargar no es sinónimo de piratear. Admitir bajar una serie no goza de (tan) mala reputación, y hasta es una práctica alentada por parte de los productores, que saben bien que sin la web, la audiencia sería mucho menor.

Marketing viral
El marketing viral –esa publicidad encubierta que se expande sin control– se convirtió en el gran aliado de la TV para hacer sus historias más creíbles (y vendibles). Como en otros tiempos funcionó el boca en boca, hoy la viralización produce un sinnúmero de sitios web, publicidades de un programa dentro de otro y merchandising, que de manera automática remiten a la serie en cuestión. La aerolínea Oceanic, la Iniciativa Dharma, la bebida Slusho y la empresa Massive Dynamic son sólo algunos de los elementos que J.J. Abrams creó para los productos que llevan su firma, pero que traspasaron los límites de la ficción para saltar a la realidad. También algunas frases memorables –el “You’re gonna die, Charlie” de Desmond o el “Live together, die alone” de Jack, la música de Drive Shaft (la banda de un solo hit de Lost)– dejaron su marca en forma de slogans indelebles.

Oficios 2.0
Sean amateurs o profesionales, traductores y periodistas encontraron un nuevo nicho laboral, aunque con el agradecimiento como única retribución. Trabajar en los subtítulos para cada capítulo, que están listos pocas horas después de la emisión en Estados Unidos, se convirtió en un eslabón fundamental en la cadena de elementos necesarios para que el mundo Babel pueda entender los episodios. Las comunidades de “subtituladores” se expandieron, destacándose algunas por su rapidez, y otras por su calidad (las que diferencian el español clásico del latino, por ejemplo).
Aquellos con vocación por la investigación –o el chimento, o la simple recopilación de información– se aprovecharon de la web 2.0 para cumplir con el mandato de abrir un blog, y empezar a volcar allí todo lo que surgía. Los foros y blogs se multiplicaron por decenas, no sólo sobre Lost sino sobre cualquier serie, incluso las que ya no se emiten: Fringe, Twin Peaks, Lie to Me, Galáctica, House, Los Simpson, y los nombres siguen. Capítulo tras capítulo, la web se atiborró de análisis de cada episodio, spoilers, imágenes y conjeturas: más de lo que cualquier mortal puede tener tiempo de leer. En el caso de Lost, las teorías aparecieron antes de que los libretos estuvieran delineados por los propios autores, quienes confesaron alguna vez leer –y reír– con muchos de los supuestos subidos a la red.

Vocabulario
¿Viste la sexta de House? ¿Y qué tal está la segunda de Lie to me? “¡La primera es la mejor!” “Temporada” es la palabra clave en el mundo televisivo post Lost. Y la TV nacional, un poco oportunista y otro poco lenta de reflejos, la adoptó como propia, tanto para referirse a los programas de ficción como a cualquier otro producto. Bajo esa lógica, Bendita ya no lleva cinco años en el aire, sino que va por su “quinta temporada”. También se hicieron más comunes términos como flashback, Flash sideways y flashforward, hasta el punto en que este último se convirtió en el título de una serie que intentó –sin éxito– ser la sucesora de Lost. Este vocabulario –heredado, copiado– es usado hasta por aquellos que no miran ni miraron jamás el programa.


19 de mayo de 2010

Slash > El ADN rockero

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Es bastante habitual por parte de la crítica –y buena parte del público también– pretender que un disco nuevo sea novedoso, original y creativo. Se reprochan la repetición, el acostumbramiento y la dejadez. Pero hay un puñado de artistas a los que, sin motivos racionales, se les reclama y elogia mantener cierta línea. Cuando se habla de grupos como AC/DC o Divididos, se habla de un estilo definido y, al fin y al cabo, se reconoce que las que mandan son las canciones.

Por eso es para festejar que Slash haya vuelto a lo que mejor sabe hacer, luego de algunas licencias artísticas que se tomó al colaborar con Paulina Rubio y Marta Sánchez. En su primer CD solista continúa tocando el mismo hard rock de pentatónicas, con yeites bluseros y aires country, similar al que concibió en los Guns y que adoptó como propio con Snakepit y Velvet Revolver.

El disco abre con “Ghost”, que tiene a Ian Astbury cantando sobre un pasado que no se puede cambiar. Sigue “Crucify the Dead”, con Ozzy Osbourne, quien sumó su conocida oscuridad para decir frases como “las decisiones pasadas te dejaron solo, y traicionaste a todos con tu codicia egoísta”. Cada cual sacará sus conclusiones. La primera sorpresa viene de la mano de Fergie, la cantante de Black Eyed Peas, quien pone la voz en los dos temas más gunners del álbum: “Beautiful Dangerous” y “Paradise City”, esta última junto a Cypress Hill. Chris Cornell luce su amplio registro en “Promise”, pero sin dudas los puntos más altos llegan con Lemmy, Iggy Pop y... ¡Kid Rock! El cantante de Motorhëad gruñe en “Dr. Alibi” y la Iguana recuerda sus tiempos Stooges en la rutera “We’re all gonna die”. Y en “I Hold On”, Rock demuestra un costado más sentimental, en una power ballad radiable.

Hay además algunos no tan conocidos por estas tierras, como Andrew Stockdale, de Wolfmother, quien canta “By the Sword”, primer corte del disco, y Myles Kennedy, quien además de ser el cantante de gira de la banda, presta su voz a medio camino entre el grunge y Steven Tyler en “Back from Cali” y “Starlight”. Dave Grohl y Duff McKagan cumplen, pero quizás parezcan desaprovechados en “Watch this”. El desliz viene de la mano de Adam Levine (Maroon 5) en “Gotten”, una balada empalagosa y olvidable.

Hacia el final, un seleccionado de amigos de Los Angeles –Alice Cooper, Nicole Scherzinger (Pussycat Dolls), Steven Adler (GNR) y Flea (Chili Peppers)– rockean sobre una chica de esas que van por el mal camino, en “Baby can’t drive”. Nada nuevo, pero amable y bien hecho. Y, a esta altura, que todavía haya canciones que hagan mover el piecito no es poco.

Publicada en la edición de hoy de Página|12

La canción es la misma

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"No me interesa romper prejuicios"

Después de haber participado como invitado de los músicos más diversos, ahora fue el ex Guns quien convocó a un puñado de artistas, desde Lemmy Kilmister, de Motorhëad, hasta Adam Levine, de Maroon 5. “Cada uno estuvo ahí porque la música me lo inspiró”, destaca.

“Se levanta temprano para llevar a sus hijos al colegio.” La revelación –espontánea, impensada– se refiere a la misma persona que, una semana antes, obligó a suspender una entrevista porque, detalles más, detalles menos, había salido la noche anterior, no había regresado y no podían encontrarlo por ninguna parte. Slash –de él se trata– parece ser el tipo de persona que se siente cómoda saltando de un extremo hacia otro: de sobrevivir a los excesos del alcohol y las drogas a hombre casado con Perla y padre responsable de London (7) y Cash (5); de componer con Lenny Kravitz y Ray Charles a tocar con Marta Sánchez y, ahora, de ser invitado permanente en discos ajenos, a ser la figura convocante en su primer álbum solista, en el que rinde tributo a sus grandes influencias, y a sí mismo.

“Es probable que toda esa experiencia que tengo en tocar como invitado en otros álbumes haya hecho todo más fácil para mí”, reflexiona Slash desde su casa en Los Angeles, en una entrevista con Página/12, recién llegado de Australia y Japón, donde estuvo en gira promocional y haciendo los primeros shows del tour. “Ese pasaje fue algo que se fue dando de manera bastante natural, y lo estoy disfrutando mucho. Me siento muy ansioso con la gira, la banda está sonando genial y Myles (Kennedy, el cantante) está muy bien. La banda en general está sonando bien”, afirma.

Slash pasó gran parte del 2009 en el estudio, componiendo y ensayando, para luego decidir a quiénes invitaría a cantar. A la banda estable –Josh Freese (Nine Inch Nails) en batería y Chris Chaney (Jane’s Addiction) en bajo–, se fueron sumando cada uno de los cantantes, previo envío del demo, para que se encargaran de las letras y melodías. Algunos nombres no generaron sorpresas –Lemmy Kilmister, Chris Cornell, Ozzy Osbourne, Ian Astbury, Iggy Pop– pero sí lo hicieron otros, como Fergie (Black Eyed Peas), Adam Levine (Maroon 5) o Cypress Hill.

–¿Compuso las canciones pensando en cada invitado?
–No, fue al revés. Cada invitado estuvo ahí porque la música me lo inspiró. Escribí cada canción y luego pensé: “¿Quién sonaría bien en ésta?”, lo que fue una nueva manera de trabajar para mí. Pero bueno, si hubiera hecho una lista de los cantantes con los que deseaba tocar y después me ponía a escribir la música para ellos, no creo que hubiera funcionado bien.

–En su autobiografía (Slash, 2008) hace referencia a que necesita cierto tipo de química para poder tocar con otros músicos. ¿Tuvo en cuenta eso a la hora de elegir a los invitados para este disco?
–Aunque hasta el momento en que estuvieron ahí no supiera cómo iba a funcionar todo, los cantantes estuvieron geniales, fue muy divertido trabajar con ellos y todos pusieron su parte de esfuerzo para hacerme sentir cómodo. También tuvimos buena química con el productor Eric Valentine, porque hubo muchas sesiones en el estudio, y cuando estoy ahí necesito sentirme bien para tocar lo mejor que puedo. En una “situación de banda”, definitivamente necesito de esa química.

–¿Cómo fue trabajar otra vez, y después de tantos años, con Steven Adler e Izzy Stradlin (miembros originales de Guns n’ Roses)?
–Steven estuvo genial. No habíamos grabado desde hace 20 años, y cuando fue al estudio, se sentó y tocó con ese estilo tan reconocible, me hizo recordar al espíritu de aquellos viejos momentos. Con Izzy nos vemos y tocamos cada tanto, pero estuvo bueno que pusiera ese sonido que es su firma. Fue como ver a viejos amigos y pasarla bien.

–Además de ellos y Duff McKagan, ¿pensó en otros miembros de GNR como posibles invitados? ¿Axl quizás?
–No. Bueno, en realidad sí, la idea pasó por mi mente, pero a los dos segundos la descarté, porque no estaba dispuesto a hacer ese llamado.

–¿No le parece que rompe con algunos prejuicios en este disco? En un mismo álbum junta a Fergie o a Adam Levine con Lemmy de Motorhëad e Iggy Pop...
–No lo sé. No hice nada intencionalmente para romper barreras o prejuicios. Simplemente los invité porque pensé que sus voces encajarían con cada canción, y ése fue el único motivo. Fergie estuvo tremenda, es una gran cantante de rock. Tenía muchas ganas de hacer algo con ella porque sabía de dónde venía. Todo el mundo conoce su costado pop, pero yo la conozco mejor y fue excitante haber hecho su primera grabación de rock, además de la melodía y la letra, que son buenas. En ese momento sabía lo que estaba haciendo. Y también con Adam Levine: si bien no puedo decir que tengo un CD de Maroon 5, sé que tiene una voz perfecta para esa canción.

–Tocó con muchos músicos, desde Alice Cooper hasta Paulina Rubio. ¿Tiene algún criterio a la hora de elegir con quién tocar?
–Sé a lo que te referís. Generalmente me baso en la música. Un criterio es que, cuando alguien me invita a tocar con él, trato de escuchar la canción primero y veo si siento que puedo contribuir con algo significativo. Otra cosa es, por ejemplo, cuando me invitaron a tocar con Ray Charles, donde no tenía nada que pensar. Pero normalmente todo tiene que ver con la música.

–En el libro dice que los cantantes son su karma. ¿Tuvo que lidiar con grandes egos?
–No, no tuve ningún problema de ese estilo, lo que me dio una nueva perspectiva acerca de los cantantes, considerando mi experiencia con Axl (Rose) y Scott Weiland (risas).

Muy a su pesar –o no– Slash sabe que siempre será un ex Guns N’ Roses, haga lo que haga. Las preguntas en torno de su pasado siempre estarán presentes, muchas veces alimentadas por él mismo.
–“Crucify the dead” (el tema que canta Ozzy) habla sobre egoísmos y tiene una frase elocuente: “Un arma cargada atascada por una rosa”. ¿Es tan obvia como suena?
–Cuando Ozzy escribió esa letra dijo que no era tan filosa como sonaba, y tanto él como yo pasamos por situaciones similares. Pero sí, esas dos palabras son muy específicas y hay libre interpretación sobre ellas.

–¿Es verdad que le gustó Chinese Democracy?
–Sí, es un buen disco. Axl canta genial y me gusta eso, porque es muy indicativo de lo que él es en este momento. Y tratándose de alguien con quien compartí muchas cosas, aprecio lo personal que es. Es oscuro y difícil de escuchar, pero aun así es, por lo menos, brillante.

–¿Piensa hacer una gira sudamericana?
–Sí. Es todo un tema, porque la gira va a ser más larga de lo que habíamos planeado en un principio. Siendo ésta la situación, estaríamos yendo en agosto, pero también tenemos un límite de fechas, así que podríamos ir más adelante. Estamos tratando de arreglar eso, así podemos hacer una gira completa por Sudamérica. Ahí está mi público favorito en todo el planeta, y parece que el disco fue bien recibido, así que vamos a hacerlo.

Publicada en la edición de hoy de Página|12

2 de febrero de 2010

LOST, misterios revelados

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Publicada hoy en Página|12

La serie creada por J. J. Abrams lleva cinco años planteando cada vez más interrogantes acerca de los habitantes de la isla más famosa de la TV. Y los productores ya anunciaron que sólo se develará parte de las incógnitas.

Respuestas. Después de cinco años de compartir dudas, conjeturar teorías posibles y acumular preguntas, los seguidores de Lost ¡finalmente! podrán obtener algunas respuestas. Y aunque no todas las cuestiones serán aclaradas, sí lo serán las fundamentales, esas que tienen que ver con los personajes y sus historias, y no tanto con la mitología y los enigmas creados alrededor de la famosa isla. Algunos de los interrogantes comenzarán a ser respondidos: quién es Jacob, qué es el humo negro, qué significan los números, si la bomba previno o produjo el incidente, qué es la isla y si Locke está vivo o muerto. Conforme avancen los 16 capítulos previstos para esta sexta y última temporada, que se estrena esta noche en Estados Unidos y el 9 de febrero en la Argentina, por AXN, se supone que se podrán empezar a atar los cabos sueltos y a sacar conclusiones acerca de la serie que más revuelo causó en los últimos años.

Los conversos a la seudorreligión Lost pueden saltearse el resto de este párrafo, porque es para explicar a los neófitos que todo comenzó cuando el vuelo 815 de Oceanic se estrelló en una isla del Pacífico Sur, y sobrevivieron 48 pasajeros. Desde ese punto de partida se sucedieron historias de amor, de misterio, de ciencia ficción, conspiraciones y dramas familiares. Ese 22 de septiembre de 2004, Lost comenzó a escribir su historia particular en la gran historia de la televisión: presupuestos nunca vistos para un producto no destinado al cine, guiones complejos, marketing viral y una legión de fanáticos que, Internet mediante, estuvieron dispuestos a discutir hasta el más mínimo de los detalles. Una de las publicidades del programa compara este estreno de Lost con la llegada del hombre a la Luna o con la caída del Muro de Berlín, y las une bajo un mismo concepto: “El mundo entero lo vio”.

Aún hoy, con casi cien capítulos en el medio, varios de los enigmas planteados en aquel piloto siguen vigentes. No es casual que la mayoría de los avances vistos de esta sexta temporada sean recopilaciones de escenas ya emitidas, y que poco y nada se sepa –de manera oficial– sobre qué pasará de ahora en más. Lo que sí se conoce y pudo verse –gracias a algún infiltrado enemigo de los estrenos oficiales– es la primera hora del capítulo doble que inicia la temporada final, que está dando vueltas por la web desde hace un par de días. Sucede que el 30 de enero, la ABC (la cadena que emite la serie en USA) organizó en Honolulu una avant première con los actores y 815 ganadores seleccionados, titulada “Sunset on the beach” y, como se sabe, de ahí a la gran red de redes hay pocos pasos. De todas formas, para aquel que sepa mirar, los afiches promocionales oficiales y los avances dieron varios adelantos.

7 de enero de 2010

Un buen nombre

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Esto decía el Banco Río allá a principio de los noventa.




Y claro, después pasaron a llamarse Santander.
Y la coherencia institucional? Bien, gracias.

5 de enero de 2010

La provocación

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Fue la excusa, la provocación. Ese abismo que separa a un padre de su hijo cuando este último es un adolescente, y odia todo lo que su papá disfruta.

Sando fue ese par de patillas y esa música sin sentido por la que mi viejo se peleaba con el suyo. Era la plata mal gastada en discos de vinilo, los mismos que su hermano prestaba y nunca recuperaba. Esos que juntaron tierra junto a los de Creedence Clearwater Revival, y que alguna vez, muchos años después, sonaron en ese viejo tocadiscos Winco de un solo parlante, destartalado, que ponía música con ruido a las tardes de sábado, con mate y tortas fritas. Y yo sin entender quién carajo era Sandro. Y por eso jugaba a que no me guste, porque a mi viejo sí le gustaba. Y jugaba a criticarlo, como criticaba a Leonardo Favio y a todo aquel que estuviese en la lista de buena fe paterna.

Y como esa frase que dice algo así como que cuando uno es adolescente los padres no saben nada, pero cuando uno es grande se da cuenta cuánto sabe el viejo, un día encontré al Sandro cantante, poeta, compositor, artista del temblequeo, el fumador enfermo, eterno seductor y coleccionista de bombachones.
El tipo sabía, de verdad.
¿Habrá quedado alguna canción genial perdida por ahí? ¿Algunos acordes grabados en un viejo cassette para resucitar y hacer la gran John Lennon por un rato? Cada vez que se muere un gigante como éste no puedo evitar preguntarme cosas así. Quizás sea mejor pensar en las canciones que quedaron, las que no se van ni con cien adolescentes rebeldes que tengan ganas de pelear con su papá. 
Mejor dejarlo ir, sin meditar.